No hay receta perfecta

No hay receta perfecta para un éxito fuera de lo común; pero sin duda, algunos ingredientes siempre son obligatorios para llegar a cumplir estas metas. Desde el momento que logré ahorrar lo suficiente para comprar mi cámara, no veía la hora que llegará a mis manos. El día que llegó, la abrí, rápidamente la puse sobre la mesa del comedor, le di play, y empecé a grabarme. Así ­empezó mi canal de youtube, una idea un tanto loca, sin guión escrito y mucha motivación. 

 Desde luego, la pasión y la motivación han sido las dos constantes que han estado siempre en mi cabeza y son, las que de alguna u otra manera me han permitido cumplir mis objetivos profesionales. Cuando tomé la decisión de estudiar fotografía y convertirla en mi profesión, muchos entre risas me dijeron que sacar fotos no se estudiaba; sin embargo, por terquedad o por pasión y amor, como lo describo, perseguí este sueño; así mismo lo fue también para mi canal en youtube. 

Los primeros ocho meses, los videos que subía sólo tenían de 15 a 20 visitas, que siempre suponía que eran de mi familia y algunos amigos, diez personas suscritas y cero likes.No sabía nada de video y mucho menos de edición, pero cada miércoles me levantaba dos horas antes, me sentaba en mi cama, ponía la cámara sobre la mesa, presionaba play y empezaba a grabar. Este nuevo viaje era también un mundo nuevo para mí, me emocionaba ver una foto impresa, entrar en el laboratorio acostumbrando mis ojos a ver entre la luz roja y por supuesto, escuchar que halagaran alguna foto tomada por mí. 

Poco a poco, como si esta aventura fuera un viaje físico, aprendí las costumbres, los lenguajes y la cultura de este mundo, que llamó fotografía; y por primera vez tuve el placer de escuchar que me llamaran fotógrafa, y que a los videos de youtube me los clasificaran como de ´contenido educativo´. La constancia y la paciencia definitivamente han ayudado a direccionar el camino hacia mis metas. Como lo dijo el filósofo Nietzsche: “No es la fuerza, sino la perseverancia de los altos sentimientos la que hace a los hombres superiores”. 

Además, tuve la fortuna de nacer rodeada de una familia numerosa, pertenecer a un equipo de Basketball de alto rendimiento desde los 8 años y haber experimentado un intercambio cultural en la China a los 16 años, sin duda alguna influenciaron mi manera de pensar, ya que siempre he visto el éxito reflejado en el trabajo en equipo, el compartir conocimiento, la comprensión y sobre todo el saber escuchar, lo que me ha convertido en una ciudadana del mundo. 

A pesar de haber tenido días en donde quise cerrar el canal, mantuve la constancia, y al cumplir un año de ser parte de youtube, o como lo llaman en el mundo online, de ser una “youtuber”, todo comenzó a mejorar, los videos empezaron a tener entre 300 y 500 visitas, hasta llegar al día de hoy, donde algunos tienen más de 50.000 visitas. 

De otra parte, cuatro años fuera de Colombia, estudiando para ser fotógrafa en Buenos Aires, Argentina, más que formarme como profesional, me formaron como ser humano; por eso entendí la importancia de arraigarse a las raíces y, que el éxito más que tener contratos y ganar dinero, es encontrar lo que lo apasiona a uno, y hacer de ese hecho algo único y creativo. Nadie podrá nunca quitarme las experiencias, la cultura de la cual vengo, la forma en la que veo el mundo; de allí parafraseando a Mijail Bajtín, sólo la mirada del otro, da la posibilidad de ser, de sí mismo. 

Entonces, lo que empezó como un emprendimiento propio, una forma de darme a conocer, es ahora una gran comunidad de más de 6.900 seguidores, o “bellezas” como las llamo, en donde comparto mis conocimientos sobre fotografía a través de videos, pero además me retro-alimento de manera constante, por medio de los comentarios y mensajes, los cuales generan un aprendizaje para mí.

De otra lado, la oportunidad que tuve de acercarme a la industria del café, fue mi punto de quiebre y mi otra fuente de inspiración para declararme más que una fotógrafa o youtuber, una storyteller, pues, al ver la calidez y la transparencia de toda la cadena de valor del café, y como un pequeño productor podía sentarse a compartir en una cena sus historias con el más grande tostador, me hizo entender que mi objetivo principal no es contar mi historia, sino ser el medio para que otros puedan contar su historia, ya sea a tráves de una imagen o un espléndido texto, que haga a otros sentirse identificados de la forma más transparente posible, por supuesto, con una pizca de talento, y un punto de vista creativo. 

 or lo tanto, dos años después de haber abierto mi canal, y cuatro de haber empezado mi carrera en fotografía, siento que he alcanzado la suficiente experiencia como Storyteller, pero también me ha dado la suficiente motivación para seguir avanzando y creciendo a nivel profesional y educativo. Al final de cuentas, mi mayor sueño es lograr que las palabras y las imágenes que comparta en un futuro, generen impacto y cambios a nivel cultural y humano. 

 Lucía Hernández 


San Blás tiene musicalización propia.

Todos los buenos viajes se empiezan en la madrugada; este no fue la excepción. Contemplando el amanecer a través de la ventanilla, viajamos en una 4x4 por casi tres horas, desde Ciudad de Panamá hacia Puerto Carti, escuchando los éxitos de los 90’s como si fuera nuestra banda sonora; claro, balbuceados por nuestro excéntrico conductor Miguel, Un indígena Guna. Finalmente llegamos a Puerto Carti, en un día bastante lluvioso como era de esperarse. Porque octubre es la temporada de lluvias para Centro América. A pesar del diluvio y el desorden, el lugar se veía tan inexplorado. Nos bajamos del auto cada uno con una pequeña mochila y todas la provisiones necesarias para sobrevivir en una Isla paradisiaca en la cual nunca habíamos estado. Repelente, pantalla solar, desodorante, bikini, toalla, un libro de mínimo 400 páginas y lentes de sol; elementos que tal vez habíamos leído de algún libro o aprendido de algún viaje anterior. 

 Solo planificamos nuestra llegada a Puerto Carti, de ahí en adelante queríamos que todo transcurriera de forma espontánea. ¡Así fue! Miguel nuestro conductor, nos pregunto: ¿cuál es la lancha que los esta esperando?. Entre risas respondimos: Nadie nos esta esperando. Seguido nos dice: ¿A cuál isla quieren ir? ¿turismo? ¿descanso? ¿fiesta? Sin pausa respondí: ¡Queremos vivir la experiencia Guna! Nuestro destino, Isla Chichime, ningún arrepentimiento. 

 Dia 1: Soy Manta Raya 

 Navegamos por hora y media, poco a poco empezamos a sentir el cambio de vegetación, el mar paulatinamente se tornó de lo que parecía un azul profundo, a un azul tan suave que el agua se veía totalmente transparente. Al final dejamos de escuchar sonidos, para terminar escuchando, como lo llamó Omar nuestro conductor “música de las olas”. Llegó un punto donde parecíamos ser los únicos existentes en el medio de este interminable y vasto mar Caribe. Pronto la lluvia y las nubes se disiparon y los rayos del sol cálidos y caribeños nos recibieron en Isla Chichime. 

 El viaje fue silencioso, así como también la llegada a Chichime. Creo que las palabras sobraban, con tan solo ver alrededor, y por supuesto contemplar los ojos radiantes de mis dos compañeros de viaje. Dos pesqueros anclaron la pequeña lancha y uno a uno nos ayudaron a bajar de la misma. Omar, el pesquero que me ayudó, con una sonrisa de oreja a oreja, me sujeto la mano fuerte y cuando, por fin puse los pies en la “tierra” mi cabeza aún seguía soñando.

 No pasó un minuto cuando el jefe de la Isla, Carlos ya nos estaba dando la bienvenida. Lo primero que nos dice en ingles es: mi nombre es Carlos, pero por favor llámenme “Manta Raya”. Gran apodo para un hombrecito de tan solo 1,60cm. Nunca supe la razón del apodo, lo dejaré en que las Manta Rayas son sigilosamente peligrosas. 

 Manta Raya caminaba muy rápido y no paraba de decirnos ¡vengan! ¡vengan! mientras nos mostraba la isla que la recorrimos en 15 minutos. La isla tenía solo cinco cabañas construidas con esterilla y un estilo artesanal hermoso, un salón comunal con algunas mesas, un pequeño kiosco, dos baños, algunas repoceras rústicas, maya de volley y pare de contar. 

Entramos a nuestra cabaña, y la luz que se filtraba a través de las esterillas nos dio la bienvenida de una forma un tanto salida de lo real, el piso era de arena blanca, y cada uno tenía su respectiva cama que sorprendentemente fueron bastante cómodas. La tardes transcurrieron entre libros con páginas húmedas, cuerpos untados de arena, pescados que se salían del plato, y por supuesto agua salada. En nuestra estadía conocimos un aventurero sueco, una pareja alemana, un argentina que viajaba sola por primera vez y dos amigos de la toda la vida que buscaban cualquier disculpa para tomar una cerveza. Nuestro lugar de reunión cada noche después de la cena era el pequeño muelle de madera donde sentados con los pies en el aire, tomábamos vino del pico de la botella y compartíamos historias bajo la luz de la luna y las estrellas.

 Dia 2: Las tres comidas del día tienen musicalización propia 

 Con los celulares descargados, cero relojes a la vista; las tres comidas del día se convirtieron en nuestra única referencia de la hora. Un sonido ultra-tuba producido por una concha de mar era nuestro despertador y también nuestro horario para desayunar, almorzar y cenar. Algo que nunca olvidaré es la comida preparada por las hermosas mujeres Guna que salían de la cocina con sus trajes coloridos de “mola”, como si un show de teatro estuviera por comenzar y una a una ponían los platos sobre la mesa. Todos sentados alrededor de mesa tocándonos codo con codo, devorábamos sin modales los pescados, langostas, el famoso arroz con cocó y otras delicias. 

Cada comida del día se convertía en una disculpa para aprender un poco de lengua Guna que Manta Raya muy orgullosamente nos enseñaba. La primera palabra que aprendimos fue Dule pronunciado Tule que significa persona, y luego Aya que significa amigo; sin darnos cuenta el sonido ultra-tumba sonaba de nuevo y ya era la hora del almuerzo.

 Después del almuerzo, todos nos escondíamos en nuestras cabañas para una merecida siesta. Así, Isla Chichime se veía aún más desolada e intacta. A eso de lo que parecían las tres de la tarde, los pesqueros de la Isla se alistaban para salir a trabajar. Me gustaba sentarme en el muelle a ver como sacaban cuerdas, redes, y muy concentrados en 15 minutos prendían el pequeño motor y desaparecían en el horizonte. 

 El tercer día justo antes de partieran, me acerque al bote y le pregunte a uno de ellos a qué lugar iban a pescar y con un español con acento me respondió: ¿Quieres venir con nosotros?. Mire la lancha de izquierda a derecha y no veía espacio, pero ante el ofrecimiento no pude decir no. Me subí en la lancha expectante y ese día junto con ellos desaparecí en el horizonte. Regresamos al atardecer con un bote sobre-equipado lleno de peces de diferentes colores e imagino sabores. No contaré detalles de mi viaje, ya que siento que es mejor que lo comprueben por ustedes mismos. Es como cuando, no quieres que te cuenten el final de una película que ansías ver. 

 Dia 3: El barco hundido 

 Mientras cenábamos todos alrededor de la mesa como era de costumbre, apareció de repente un chico muy bronceado, con pelo bastante desordenado y una sonrisa blanca y perfecta. Apenas entró en la habitación Manta Raya le dio un fuerte abrazo y le ofreció un trago de ron. Bienvenido le dijo - Él acepto el trago de ron y rápidamente se integró a la mesa.

 Nos saludo y se presento. Me llamo Andrés soy capitán de un yate que hace viajes desde Cartagena, Colombia hacia el paraíso. Hizo una pausa y se río, seguido dijo: con paraíso me refiero a San Blas. Como si fuéramos amigos suyos de toda la vida, Andrés nos invitó a su yate a tomar un tragos, escuchar música y conocer a sus compañeros de viaje. En la oscuridad caminamos hacía el muelle, nos despedimos de Manta Raya y nos subimos a un bote inflable con Andrés. En el yate conocimos a Camila, una Argentina enamorada de San Blas y a Felipe un Colombiano que dejo todo por la vida en el Mar. Después de unas cuantas horas nos despedimos de Camila y Felipe. Andrés muy amablemente nos llevo de regreso y nos dio todas las recomendaciones necesarias sobre que hacer en San Blas, entre ellas nos dijo que teníamos que hacer snorkel y conocer los barcos hundidos que habían a la redonda. 

 Siguiendo los consejos de Andrés, al día siguiente después del almuerzo a eso de las tres como si fuéramos pescadores partimos hacia Isla Perro a veinte minutos de Isla Chichime a hacer Snorkel y a conocer el famoso Barco Hundido. En el camino hicimos una parada en Isla Banebub esta, mucho más turística pero también tiene sus encantos. Finalmente llegamos a Isla Perro y Manta Raya nos dio nuestro respectivo kit de snorkel que incluía una careta y las aletas. 

Pasamos dos horas bajo el mar, recorriendo cada rincón del barco hundido, además viendo la gran variedad de peces que aún hoy no se sus nombres. Con los dedos arrugados, nos sentamos sobre la arena a jugar con los niños de la Isla, la única regla que nos puso su madre fue no sacarles fotos. Jugamos con arena,  hasta que el sonido del motor de nuestra lancha nos dejo saber que era el momento de la despedida. 

 De regreso, Manta Raya apagó el motor en el medio del mar abierto. Se giró, nos miro y nos dijo, este es mi regalo para ustedes. Todos miramos hacia el frente, el sol se escondía acompañado de un atardecer imponente que reflejaba una luz anaranjada dentro de la lancha. Impulsados por la adrenalina, nos pusimos nuestras caretas y saltamos al mar acompañados de Manta Raya. Pasados unos minutos en lo más profundo del mar vimos infinidad de Manta Rayas, y entre risas le dijimos a nuestro Manta Raya: Tus tocayos han arribado. 

 Lucía Hernández 

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Errores gramaticales o de puntuación serán tomados en consideración (jaja).


36 EXP de hace 2 años

36 EXPO de un Kodak Color Plus con 200 de ISO. Una frase un tanto inentendible, pero bastante placentera de escuchar para un contador de historias, conocidos en el bajo mundo como “fotógrafos”. Una explicación más práctica sería 36 FOTOS de un rollo a color para ambientes un tanto oscuros.
La realidad es que están son fotos que fueron tomadas hace 2 años, y reveladas hace no más de 2 meses; y continuando como el recurrente “2”, dos de ellas son mis favoritas, 2 de ellas las recordaba y el resto de pares estaban olvidados. Regresa mi reiterada frase: “La fotografía siempre logra cautivarme”,es así como lo logra.
Dándole vida a los recuerdos, dejan de ser recuerdos para volverse experiencias vívidas, que serán recordadas no solo por los que hicieron parte de ellas, sino por los miles de pares de ojos que hoy 16 de marzo las ven.
Manténganse Inspirados!


Copyrigth Lucia Hernandez Photography- 2015
Derechos de autor Lucia Hernandez Fotografía- 2015

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